Canteros en la memoria. La nobleza de una piedra.

 

El profesor Antonio Ruiz Martín desvela en un amplio estudio los secretos de las canterías de San Juan de la Rambla y La Guancha, y de los oficios relacionados con la manufactura de la piedra. Otilio Hernández, de 87 años de edad, figura entre los últimos canteros del norte de Tenerife.

 

La materia prima de gran parte de las grandes obras arquitectónicas, ingeniería y bellas artes proviene, en buena medida, de la extracción de la piedras de las canteras. En torno a esta actividad tan antigua como el hombre han surgido y desarrollado variados oficios como los de canteros. Un estudio de investigación realizado y coordinado por el profesor tinerfeño Antonio Ruiz Martín desvela las claves del mundo que envuelve la cantería en San Juan de la Rambla, con una finalidad didáctica para los alumnos de Formación Profesional. Sin embargo, anima a las instituciones públicas a que acentúen su respaldo a la enseñanza y divulgación de las especialidades que comprende el oficio de cantero o de la manufactura de la piedra, cuyos usos pasan desapercibidos, pero que son visibles en pavimentaciones y edificaciones tradicionales.

Las antiguas canteras de San Juan de la Rambla se ubican en el extremo del casco urbano, muy cerca del barranco del Desriscadero o de La Cantera y que, actualmente, se conoce como el barranco de La Cabaña, que limita con La Guancha, y la de La Rambla (barrio del Rosario). En las inmediaciones se encuentra el barrio de Santa Catalina de La Guancha y construcciones y elementos artísticos construidos en piedra desde el siglo XVI hasta la primera mitad del XX, en ambos enclaves urbanos.

Este oficio ha estado muy arraigado desde hace siglos en San Juan de la Rambla y Santa Catalina de La Guancha. Un trabajo consistente en extraer, repartir, entallar, labrar, tallar, transportar e instalar la piedra. En este sentido, según aclara el profesor Antonio Ruiz, representa una labor tan necesaria para la construcción de edificios y de aquellos objetos pétreos complementarios que éstos albergan.

El profesor Ruiz Martín agrega que esa masa pétrea representada por la cantera de San Juan de la Rambla "ha sido atacada, a través del tiempo, por agentes atmosféricos como el sol, el viento, el salitre, las aguas y sales disueltas en ellas, así como por las labores de extracción realizadas por la mano del hombre, que han modelado y agrietado su superficie; por cuyas hendiduras y entornos han sobrevivido innumerables especies de plantas que proporcionan al lugar un enmarque verdoso singular. Destacan los cardones, guariles, tabaibas, verodes, señoritas, vinagreras, gamonas, margasas, trevinas, cerrazones, azucenas de risco, tederas, sinojos, alfarrojos, zarzas, tabaqueras y jaras, entre otras. A todo ello se añade una amplia fauna avícola".

Estas canteras han sido muy apreciadas en Tenerife desde tiempos de la Conquista por poseer una roca muy fácil de trabajar, compacta, algo porosa, que contiene flamas que le confieren vistosidad sin dificultar el trabajo de los labrantes.

En este sentido, Antonio Ruiz comenta que "las canteras más importantes, que tenían gran movimiento comercial estaban muy especializadas, con el objeto de sacar el máximo provecho de la producción. Las más modestas debían valerse de un mismo cantero para varias actividades. En éstas se solía compaginar esta tarea con la agricultura. Es muy probable que existieran en San Juan de la Rambla las mismas especialidades que en Arucas (Gran Canaria), por lo menos, después de la llegada del maestro cantero aruquense Blas Falcón de Armas, que pudo aportar gran parte de la tradición de su pueblo a esta zona, en el siglo XIX".

Apunta que "los informadores más cercanos a la familia Falcón nos hablan, sobre todo, de las funciones de cada especialidad, más que de su denominación, aunque recuerda de sus mayores los nombres de cantero, barrenero, cabuquero, labrante, y, sobre todo, del que hacía los dibujos en la piedra. Los términos repartidor y entallador sólo los relacionan con los parederos, aunque en Buenavista sí que los recuerdan referidos a sus canteras, incluso resaltan la más importante tarea del herrero, que en San Juan, la asumía, en algunos casos, el propio cantero".

"En cartas comerciales de Basilio Yanes Rodríguez -precisa-, de 1894, hemos encontrado también la profesión de carrero, que tenía por misión trasladar las piedras labradas a los embarcaderos o a otros lugares por tierra, en carros tirados por yuntas de bueyes y mulas o a lomos de otras bestias y camellos".

Otilio Hernández Navarro, que vive actualmente en Buenavista, es uno de los últimos exponentes de la cantería en el norte de Tenerife. Guardó una estrecha relación con sus colegas de San Juan de la Rambla, José y Felipe Hernández Batista.

Don Otilio es un prodigio de memoria a sus 87 años y desde los nueve trabajó en las canteras de su pueblo, junto a su padre, compartiendo este oficio con otras actividades. Se considera un tallista tardío. Recuerda que "en 1932, cuando tenía nueve años, puse mi primer piso de losas en una casa. Confeccionábamos pretiles, losas y adoquines por temporadas. Para la construcción de viviendas y muros de plataneras usábamos los tolmos o toscas de la cantera de Taco. Los bloques se extraían con cuñas de madera, porque esta piedra era muy floja y porosa. Había una cantera separada de la montaña que llamábamos La Solitaria, de cantería gris, muy buena para labrar".

Agrega que "nosotros llamábamos canelones a los grandes bloques extraídos de la cantera, aprovechando sus sendas o grietas por donde se separaban. La piedra molinera que tenía como agujeros era muy variada, desde colores grises más oscuros a más claros y con muchos o pocos agujeritos. Una era más dura que otra. Había una piedra que se llamaba de galoperro, tan dura y fuerte que no se podía partir".

"La cantería parte mejor en invierno -explica-; la senda se abre más fácil. Para nosotros, el cabuquero era el barrenero. Recuerdo las palabras entallador, labrante, herrero y carrero, que llevaba los carros arrastrados por los bueyes. En Los Silos estaba la cantera de Sibora, y en Buenavista la mejor piedra se hallaba entre el barranco de Cejas y el de D. Bartola".

 

 

Artículo publicado en el períodico "El Día". 20 de junio de 2010.